Alcalá de Henares, 13 de febrero del 2020
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Romances del Cid 

Romances del Cid

Autor:
Compañía: COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO CLÁSICO
Dirección: EDUARDO VASCO
Género: Teatro
Lugar: Corral de Comedias
Dias de representación: Sábado 30 de junio y domingo 1 de julio
Hora: 20:00 horas

FICHA ARTÍSTICA

El Arcángel: Jesús Hierónides
La Muerte: Muriel Sánchez
El caballero: Francisco Rojas
Músicos: Percusión: Eduardo Aguirre de Cárcer
Viola de Gamba: Alba Fresno
Órgano y virginal: Ángel Galán.

FICHA TÉCNICA

Asesor de Verso: Vicente Fuentes
Maestro de Cetrería: Gesteatral / Alberto Vicario
Iluminación: Miguel Ángel Camacho
Escenografía y vestuario: Juan Sanz y Miguel Ángel Coso
Composición musical: Alicia Lázaro
Versión: Ignacio García May

ARGUMENTO

Sinopsis
En el siglo XV Castilla vive una grave crisis política y económica, y la poesía épica (símbolo de la unión del pueblo), y el mester de clerecía van dejando paso a la poesía satírico burlesca y a la poesía lírica. La palabra romance aparece, en principio, como sinónimo de lengua vulgar en contraposición al latín, usándose después para nombrar cualquier composición en verso o "cantares de que las gentes de baxa e servil condición se alegran", como dice despectivamente el Marqués de Santillana en su Carta-Proemio. Todas estas circunstancias hacen que, al correr del tiempo, el gran estudioso de la materia, Ramón Menéndez Pidal, defina a los romances en su Flor nueva de romances viejos como "Poemas épico-líricos breves, que se cantan al son de instrumentos, sea en danzas corales, sea en reuniones para el recreo simplemente o para el trabajo".
La temática de las colecciones de romances, ya sean del siglo XVI o del XX puede ser muy variada, agrupándose en ciclos, que giran en torno a la historia o leyenda nacionales, como el de "El rey don Rodrigo y la pérdida de España", el de "Bernardo del Carpio", el de "Fernán González" o el de Rodrigo Díaz de Vivar", Mío Cid, o en torno a temas de la historia de otros países, como el ciclo carolingio o el ciclo bretón.

Para hacer la versión de Romances del Cid, se han manejado varias compilaciones de textos: algunas colecciones de romances de temas diversos y otras específicamente dedicadas al Cid. Ignacio García May, autor de la versión del montaje, utiliza además algunos fragmentos del poema épico original que mejor cuenta las vicisitudes de Rodrigo Díaz de Vivar en su madurez, el Cantar del Cid.

EL PRINCIPIO DE TODO
A veces me gusta recordar el momento en que escuché por vez primera el romance del Conde Olinos, o cuando supe de Gaiferos, de Abenámar, Rosa Fresca, el Conde Claros, Gerineldo, Zaide o tantos otros. Me gusta volver a aquellos momentos porque ya pertenecen plenamente a mi infancia, llena de emociones y sensaciones, a esa parte de uno, quizás imaginaria, pero que pesa más que los acontecimientos reales. Yo tengo almacenados esos recuerdos en el mismo baúl en el que guardo mis primeras experiencias teatrales, con aquellos profesores del colegio que me hicieron recitar o cantar tiradas de versos que, seguidamente, yo aprendía de memoria. El amor a la poesía constituyó para mí el principio de todo; por esa puerta entraron la música y el teatro y se instalaron en mi vida, por fortuna, para siempre.

Los romances constituyen la semilla de la teatralidad pura, aquella que trabaja sin intermediarios, de manera frontal, con las convenciones básicas y los intérpretes expuestos, solos, ante el ávido espectador. Aparecen como una forma casi espontánea del actor, capaz de evocar todo el universo con el poder de su palabra, de trasportar al espectador a través de lugares, personajes y épocas con historias del pasado que se vuelven presentes, no ante sus ojos, sino en su imaginación. El mejor teatro, el que sucede dentro de los espectadores. Así, estos romances nos hablan, sobre todo, de nuestra increíble capacidad como receptores, de nuestra tremenda ingenuidad como consumidores de historias, que no necesitan un envoltorio espectacular, ni un gran despliegue de medios ante una buena historia servida con la poesía más accesible, más fácil de disfrutar, más inmediata.

El maravilloso encuentro de la poesía con el teatro tiene, en nuestra historia literaria, un camino directamente relacionado con el Romancero: el romance es el metro más utilizado en nuestro teatro, del Romancero salen una gran parte de las historias que cuentan en sus obras nuestros dramaturgos, que a su vez enriquecieron los temas y las formas de los romances. Además, sabemos que se cantaban, se leían, se recitaban, se interpretaban? luego no resulta extraño que algunos de los dramaturgos más importantes del siglo XX, como Brecht o Müller, utilicen formas muy similares al romance para sus propuestas dramatúrgicas más ligadas a lo didáctico, a lo inmediato.

Por todas esas razones, decidimos, hace tiempo, realizar un espectáculo partiendo de nuestro Romancero. Tras revisar el material, el inmenso material disponible en las numerosas recopilaciones, parecía claro que lo idóneo sería centrarnos en un tema o en una figura alrededor de la que girase un único Romancero. Eran muchas las posibilidades, algunas de las cuales seguimos valorando todavía: Don Rodrigo, Bernardo del Carpio, los romances fronterizos, los moriscos o los simples romances sueltos de amor, muerte y destino. De entre todos ellos, los romances del Cid aparecían como la opción más fascinante, apetitosa y necesaria en este momento.

El Cid ha pasado de la gloria a la ignominia y el causante ha sido un mal nacional: el juzgar de oídas. Cuando uno se enfrenta con detenimiento a lo que pudo ser la figura histórica situada en su contexto, al calado literario del personaje, a su extraordinaria vinculación popular, no puede menos que extrañarse de la caída libre que ha sufrido en los últimos tiempos. Era una buena cosa, desde la Compañía, utilizar el Romancero del Cid, buscar en las raíces de nuestra teatralidad, revisar al héroe castellano y encontrarlo, a nuestra manera, sin prejuicios heredados.

Este es el segundo montaje de formato pequeño que la Compañía aborda para poder llegar a aquellos sitios a los que no accede habitualmente. Como en el anterior, Viaje del Parnaso, hemos partido de un material no dramático para nuestra propuesta, lo cual resulta tan complejo como excitante porque nos permite elaborar espectáculos posibles, a la vez que investigamos sobre aquellos componentes que nos fascinan y conforman el mundo del teatro clásico. Para ello, hemos buscado en los baúles que se alojan cerca de esa remota parte de nosotros donde se encuentra el principio de todo, con la esperanza, seguramente también remota, de que a ustedes les sugiera algo parecido.
Eduardo Vasco
Director del montaje y de la CNTC
C/ Cervantes, 7 Alcalá de Henares - Madrid - España - Tel.: +34 918 82 24 97 -

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