Blog "Todos clásicos"

17 de junio de 2021

Al habla con... Julio Vélez Sainz

Elogio del Festival de Alcalá: Raíz y ala


Quizá no sea casualidad que en la cervantina ciudad de Alcalá de Henares se celebre un festival de teatro clásico, festival iberoamericano para más señas, con el primoroso mimo de profesionales de la escena de estos que cuidan los detalles. Todo, desde la disposición de la cartelería dispuesta en homenaje a aquel gran diseñador teatral que fue Alberto Corazón (a quien también se le dedican una sección de las jornadas dirigidas por el maestro de maestros, Luciano García Lorenzo), hasta la cuidada programación destila amor por el teatro clásico. Por ahí desfilan otros sentidos homenajes a Manuel Gallardo, desafortunadamente fallecido el pasado verano; y a la actriz Gemma Cuervo, será distinguida con el título de Primera Dama del Festival y estrenos de gente de muy primera línea entre las que podemos destacar El animal de Hungría lopesco con dirección de Ernesto Arias, la Fiesta de farsantes, de José Luis Alonso de Santos, a partir de textos de Lope de Rueda con dirección de Daniel Alonso o Lope y sus Doroteas o Cuando Lope quiere, quiere de Ignacio Amestoy con dirección de Ainhoa Amestoy.

Otro lugar importante tienen dos producciones dispuestas para la recuperación de nuestro inmenso legado teatral. Hablo aquí de la reposición de El médico de su honra con la colaboración de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (INAEM) según cómo la hizo Adolfo Marsillach y de Tierra Cervantes en la que en el Instituto del Teatro de Madrid (UCM) reconstruimos el teatro breve áureo tal y como lo pusieron en escena los barracos de Federico García Lorca. Me voy a detener brevemente en estos dos espectáculos.

El médico de su honra fue la primera producción de la recién fundada Compañía Nacional de Teatro Clásico y contó con la revisión textual de Rafael Pérez Sierra, la música de Tomás Marco y la escenografía, vestuario e iluminación del gran Carlos Cytrynowski. Su estreno el 23 de octubre de 1986 fue muy esperado pues un gran número de profesionales habían puesto sus esperanzas en él. Atrás quedaban muchos recelos y prejuicios de los estamentos de la escena y de la academia que tan magistralmente se mostraban en las opiniones de José Antonio Maravall sobre la inactualidad de los clásicos o aquella famosa “Propuesta de un auto de fe para el teatro español del siglo de oro” de Agustín García Calvo que inauguraron las jornadas de primeras jornadas de Almagro (1978) y casi ponían al traste los esfuerzos de montar un festival y una compañía teatrales paralelos a los que había en el resto de los países europeos con una tradición clásica reconocida. Aquella famosa y mordaz crítica que Eduardo Haro publicara en El País el 24 de octubre de 1986 sobre el espectáculo tenía un título que lo decía todo, un “Calderón confundido y disperso”. En el texto se hablaba de un “éxito moderado” y de un “espectáculo intrigante y feo” que ponía en escena una obra “repugnante y atractiva”. La reseña les costó un buen pedazo de cariño a Marsillach y a Haro y sirvió como acicate para la crítica al teatro clásico desde posiciones progresistas (como la de Haro, como la de García Calvo, la de Maravall era más compleja). Es significativo que en esta nueva etapa se apueste decididamente por recordar aquel montaje, que cambió el modo de entender a los clásicos.

Humildemente creo que la mejor manera de recordar la actualidad de los clásicos es volviendo a aquellos momentos en los que se pusieron en escena de manera prístina e inocente, con la visión humanista y reformista de esa Institución Libre de Enseñanza casi erasmista encarnada en La Barraca de Federico García Lorca y Eduardo Ugarte. Fue un sueño utópico donde convivió durante un tiempo un nuevo teatro, pero clásico, con un viejo público, pero nuevo. Un teatro clásico y popular que promovía la formación de un nuevo ser humano. En Tierra Cervantes procura sumergirnos en aquellos tiempos en los que la Edad de Plata indagó en el Siglo de Oro para recuperar la memoria de todo lo vivido.

Legado y futuro, tierra y cielo, estos son los parámetros del Festival… el cervantino Festival de Alcalá hunde hondo, bien hondo, sus raíces para lograr vuelo hacia el futuro.

Julio Vélez Sainz

Instituto del Teatro de Madrid & Universidad Complutense de Madrid




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