Cabecera del Diario del Siglo de Oro


24 de junio de 2022

El siglo de oro, y para casi todas el del olvido.

Por Rafael Cortil Sayago, Gestor Cultural 


“El alma, ¿no es la misma que la de los hombres? […] Yo aseguro que, si entendierais que también había en nosotras valor y fortaleza, no os burlaríais como os burláis”. María de Zayas (1590-¿1661?)

Esta es una de las muchas mujeres que sufrieron insultos y menosprecios hacia sus obras quedando finalmente en el olvido para casi todos. Ser hombre iba ligado al prestigio, la honra y la perpetuidad de su nombre, ¿a quién no le suena Lope, Quevedo, Góngora o Tirso de Molina? ¿es que acaso en el Siglo de Oro español no había mujeres?, sí, las había, pero eran calladas, sometidas al olvido perpetuo.

Mujeres como María de Zayas, poeta y dramaturga, autora de novelas cortas prohibidas por la Inquisición y admirada por grandes como Lope de Vega no se empiezan a valorar hasta el siglo XIX. Esta es solo una de entre tantas escritoras como Ana Caro de Mallén o sor Juana Inés de la Cruz que representan a este lado femenino del Siglo de Oro español que quedó en el olvido.

Para poder dedicarse a las artes, escribir e investigar, la mujer tenía que recurrir a la perpetua “libertad” del convento, estas encontraban mayor libertad creadora entre sus muros, ya que no estaban obligadas al sometimiento conyugal, que las anularía como mujeres. Algunas de estas mujeres entregaron su “vida” al convento convirtiéndose en religiosas para seguir con el arte o investigando. De entre ellas destacan Santa Teresa de la Cruz (1515-1582) o sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), con obras como Castillo Interior, las moradas o libros de poemas. O nombres como el de Santa Teresa de Jesús, que veía “los tiempos de manera que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres”.

Otras mujeres eran encerradas en el convento como Catalina de Erauso (1592-1650), que huyó de este vistiéndose de soldado y se fue a las Américas y sirvió al rey Felipe IV durante 19 años vestida de varón en las guerras de chile. Tras volver de esta Guerra se hace popular y el Papa Urbano VIII en un encuentro con ella le concede la licencia para seguir con la vida de hombre, convirtiéndose en la primera mujer transgénero de la historia. Su vida esta teatralizada en La monja alférez atribuida a Juan Ruiz de Alarcón.

Entre estas mujeres tachadas por el tiempo encontramos dramaturgas como la granadina Ana Caro, de la que existe una crónica de 1637 de la boda de un primo de Felipe V. Por lo que sabemos que cobraba por su trabajo, dicha crónica ridiculiza la figura del Don Juan de Tirso de Molina.

Otras mujeres como Oliva Sabuco se atrevían a escribir, pero sus padres y familiares varones les solían robar las autorías de sus escritos que, aun así estos acabarían siendo quemados por la Inquisición.   

Son escritoras, poetas, musicólogas, compositoras, artistas, científicas, y mujeres que de haber sido hombres el tiempo recordaría. Nuestra labor ahora es recordarlas, y conseguir darles todo el amor y la virtuosidad que en su época no supieron darles.

 

Desengaños amorosos de Maria de Zayas

 



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